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Hacia Rutas Salvajes [Libre]

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Hacia Rutas Salvajes [Libre]

Mensaje por Pandora R. McKenzie el Lun Sep 13, 2010 4:04 pm

Acababa de caer la noche en la Academia Blackwell. Yo me encontraba tumbada en una de las salas comunes, con un libro entre mis manos, devorando palabras, ajena a mi alrededor, a esos otros estudiantes que jugaban a las miradas, a las medias verdades, a palabras que en realidad tenían otros significados. Miré el reloj que colgaba de una de las paredes, tenía un tiempo para seguir con Crimen y Castigo, uno de mis libros favoritos, Dostoievski, el genio de mi país, uno de los más admirados escritores soviéticos. Cada vez que tomaba el grueso volumen sentía que volvia a mi querida Rusia, a las praderas de nieve y hielo, a los fríos inviernos y templados veranos. Realmente extrañaba Siberia, el río Amur, los bosques helados, las nevadas incluso en verano... pero sobretodo, extrañaba a mis padres.

Esta añoranza solo me conducía a una cosa, al salvaje deseo de sacar a mi otra mitad a ese tigre blanco, y dejarlo correr por los exteriores de la Academia. Y a ello me dispuse. Volví a mi habitación a dejar el libro y cambiarlo por una mochila donde meter la ropa. Me dirigí al lugar más apartado del edificio, las cuevas, todavía bajo mi forma humana, iba corriendo, con la mochila vacía a mi espalda y el dejando fluir mi pensamiento animal, esa otra parte de mi salvaje, desconocida. Era rápida a la hora de correr, incluso como una mortal, jamás alcanzaría la rapidez vampírica, pero mi velocidad superaba la media de la mayoría de los humanos, aunque sólo fuera por las horas de entrenamiento que le dedicaba cada mañana.

Una vez en las cuevas no tardé en desnudarme, no sin cierto pudor, y observando las sombras con desconfianza de que alguien me observara. Cuando quedé desnuda guardé todas las prendas en aquella mochila que habia traído y rápidamente di paso a mi forma felina, a ese gran tigre, ya un adulto, de color blanco y unos grandes ojos azules. Lancé un rugido en la oscuridad que hizo que los pájaros a mi alrededor volaran. Con la boca cogí la mochila y la escondí dentro de la cueva, siendo un tigre me era más sencillo ver en la oscuridad, y a continuación salí a correr por los alrededores de las cuevas, bañándome a la luz de la luna en los ríos que brotaban de las rocas, esquivando árboles, ahuyentando a los pequeños cervatillos que a pesar de no haber visto jamás un tigre por esas zonas, podían oler el peligro. Jamás haría daño a un animal, aunque sólo fuera por solidaridad o empatía, pero ellos creían ver a un ser salvaje, a un depredador y huían rápidamente. Cuando me cansé de correr me tumbé junto a uno de los pequeños torrentes de agua, descansando, difrutando del silencio...por poco tiempo. Alcé la cabeza al oír un ruido entre las sombras.
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Re: Hacia Rutas Salvajes [Libre]

Mensaje por Renzo Casiraghi el Miér Sep 15, 2010 3:40 pm

Ya era una costumbre desde hace dos años. El dormir solo tres horas me dejaba con las energías suficientes para poder estar todo el día en pie y con el mismo ánimo que yo quería para emprender un nuevo día. Las mañanas ya no me eran suficientes para estar lo suficientemente conectado con mi naturaleza. El preparar clases, hablar con alumnos, reuniones de la Academia, lo que fuera, me tomaba mucho tiempo. No me molestaba amaba trabajar allí y es por eso que le dedicaba a las noches el poder ser parte del misterio que esta traía, lo que escondía, lo que hacía que mucha gente le temiera. Y también me servía como vigilancia para los alumnos aventureros que se salían del colegio.

Mi caminar fue tranquilo y sin apuro. Tenía muchas horas disponibles antes de obligar a mi cuerpo a dormir un poco. Pensar, vigilar, cuidar, llegar a conclusiones vagas y otras importantes, de todo, sea lo que sea que pasaba por mi mente en ese momento lo utilizaba para no perderme en los pensamientos pasados, solo una pequeña imagen de la linda niña que había perdido me hizo sonreír en ese instante. En realidad no era una perdida sino una gran ganancia. Agudicé el oído con la ayuda de la naturaleza que mi genética me había regalado y pude oír perfectamente el grujido de una criatura que no era parte de la zona en la que se encontraba la academia, por lo que la conclusión era obvia para cualquier, un alumno.

No podía entrar en fase para correr más rápido, pues a la luna le faltaba bastante, pero si podía correr muy rápido y también saber exactamente a qué dirección se dirigía. Todos lo hacían, cada alumnos que salía de la academia, cambiaba de forma y salía, se iba a ese lugar o por lo menos lo inteligentes con capacidad para darse cuenta de las maravillas que nos rodeaban y de no ser así, ya podría buscar en otros lados, tenía toda la noche y mi buen sentido. Así que me dirigí a ese lugar y esperé por uno momentos.

Sonreí cuando la vi, se notaba que era una chica y que lo único que deseaba era calma, no sabría decir con exactitud cuál de todas las alumnas con el don de cambiar de forma era, pero por lo menos había sido de aquellas inteligentes. Se tumbó junto a unos pequeños torrentes de agua y luego de unos segundos creí que ya era hora de mostrarme. Con las manos en los bolsillos y con enormes deseos de encender un cigarrillo me dejé ver y me puse frente a ella.

- Excelente lugar para pensar y descansar, pero muy peligroso para una alumna que está a nuestro cuidado –le dije aún sonriendo sincero. A mí la verdad no me molestaba que salieran, las personas y los niños eran libres de hacer lo que quisieran, pero si me preocupaban de que no fueran capaces de cuidarse bien. Me senté frente a ella en una gran roca que había allí y saqué la cajetilla de cigarros que ya me quemaba el bolsillo para que los dejara salir- ¿Te molesta si fumo? –le pregunté alzando las cejas. Sabía que no dañaba el ambiente, sería solo un cigarro y habían árboles suficientes para hacer desaparecer el humo. Además en ese momento me interesaba que ella confiara en mi y poder conversar un poco, cosa que toda la vida había sido alfo de mi interés.
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Renzo Casiraghi
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